Abrió la puerta bruscamente y entró a la habitación casi corriendo, el sudor cayéndole desde la frente hasta la nariz, ya sin importarle siquiera su aspecto o lo que sucedía alrededor. Podía oír, como un grito ajeno, el silbido de la tetera que hervía agua envuelta un fuego abrasador. Un poco más allá la cortina peleaba con el viento, en una discusión eterna sobre la entrada o no de la luz del sol a la gris habitación, que se lamentaba en un silencio sepulcral. En la esquina opuesta un televisor ya entrado en años hablaba en silencio con el teléfono, que reposaba a un costado sobre una cansada mesita de luz, hecha de roble y repasada con barniz.
–¿Qué sucede? –preguntó el perro, revolcándose en el suelo y sacando la lengua alegremente. Volvió su mirada y lo observó sorprendido. Estaba ahí, en la misma posición en que lo había dejado la noche anterior. Y sin embargo la puerta estaba rajada y alguien o algo le había roto una pata a la mesa ratona, la pobre lloraba a horrores. Una lagrima brotó de su único ojo, el otro lo había perdido en su viaje a Salta, todavía no recordaba cómo. El sudor y la pequeña lágrima se mezclaron sin problema alguno y surcaron su rostro lenta y tiernamente, mojándole suavemente los labios, ya resecos de tanto correr. De pronto un timbre agudo. –¿Pasó algo? –volvió a preguntar el can- se le nota preocupado –el animal se rascó la oreja frenéticamente –dígame, por favor, quiero saber, esto ha sido muy aburrido y solitario, el televisor perdió la voz y me quemé tratando de ayudar a la tetera, es muy terca, quiere hacer todo por su cuenta
–Yo... tú... el televisor –balbuceó tontamente, sin saber exactamente que decir. El viento y la cortina dejaron su discusión para observar la escena, era gracioso verlo ahí parado, con cara de idiota y la mirada perdida en los ojos blancos y fríos de la bestia
–Me lo imaginé –murmuró el perro rodando sobre la alfombra y moviendo la cola con alegría
–¿Qué te imaginaste?
–Esto, volviste por que tenías miedo –se levantó y se sentó sobre sus patas traseras –siempre lo haces, desde que te saqué de la perrera
Sonrió algo avergonzado y se dejó caer en un sillón. Tenía razón, pero las últimas semanas habían sido demasiado confusas. La cortina se abrió rezongando y una brisa llena de luz y vida inundó la habitación, dándole un aspecto más alegre. El perro se acercó y se recostó a sus pies, dejando que la voz del televisor volviera a escucharse y que la tetera callara su silbido tan molesto.
–¿Te suicidaste o no? –quiso saber el animal, mientras jugueteaba con los cordones nuevos de su zapato
–Tal vez –respondió cerrando los ojos y suspirando larga y tendidamente, ya olvidándose de las molestas conversaciones entre el teléfono y la cortina, el viento y la tetera, y el resto de los muebles que llenaban el lugar –me pareció hacerlo una o dos veces, pero tenía que volver, así que ya ahora no importa
Su respuesta fue un ladrido, y seguido a eso encendió un habano, inhalo el humo y lo dejó salir, acompañado de una pequeña tos molesta pero necesaria. Esa era la verdadera respuesta, lo que había estado buscando. La calidez, el olor, la compañía y la monotonía, otra vez, eran el eje de su vida
-FIN-
domingo, 9 de marzo de 2008
viernes, 7 de marzo de 2008
Y otro ciclo que comienza, y que termina
Ciclos que terminan, ciclos que empiezan.
Ciclos, ciclos que van y que vienen, como la vida, que en sí, es un ciclo (valga al redundancia, valga la repetición).
Hoy, arranca el final del primer ciclo de nuestras vidas, hoy arranca lo último que vamos a vivir juntos, la aventura final, termine bien o termine mal.
Hoy arrancamos el final de nuestras vidas como jóvenes, para que cuanto esto termine, seamos hombres, y mujeres, ya crecidos, ya maduros. No será fácil, estoy seguro, nunca nadie lo aseguró, pero sólo hay que poner un poco de voluntad, que así, todo se hace más llevadero, y no por ser difícil tiene que ser malo, al contrario, le apuesto mi alma al diablo de que será una experiencia inolvidable.
Suerte, compañeros... amigos... ¡hermanos!, tengamos un buen año
Ciclos, ciclos que van y que vienen, como la vida, que en sí, es un ciclo (valga al redundancia, valga la repetición).
Hoy, arranca el final del primer ciclo de nuestras vidas, hoy arranca lo último que vamos a vivir juntos, la aventura final, termine bien o termine mal.
Hoy arrancamos el final de nuestras vidas como jóvenes, para que cuanto esto termine, seamos hombres, y mujeres, ya crecidos, ya maduros. No será fácil, estoy seguro, nunca nadie lo aseguró, pero sólo hay que poner un poco de voluntad, que así, todo se hace más llevadero, y no por ser difícil tiene que ser malo, al contrario, le apuesto mi alma al diablo de que será una experiencia inolvidable.
Suerte, compañeros... amigos... ¡hermanos!, tengamos un buen año
viernes, 29 de febrero de 2008
esperanza
Hay cosas que uno no puede creer..
Hay cosas que uno no quiere creer..
Hay cosas que a uno le cuesta aceptar, que se niega a creer que son verdad. Nos refugiamos en nosotros mismos, inventamos otra versión de los hechos, le buscamos la vuelta, las mil y un vueltas, hasta que llega un momento en que caemos, en que hacemos clic como si de repente todo fuera muy sencillo.
Simple y triste
Cruel, posiblemente injusto, pero al fin y al cabo, real
Así es, es real, y cuando nos damos cuenta de lo real que es, de lo vivo y real, es que caemos, como si se abriera un pozo a nuestros pies, un poso sin fin. Caemos, nos hundimos hasta que tocamos fondo, y ahí es cuando se empieza a subir, a veces rápido, a veces más lentamente, pero después de todo, terminamos subiendo.
Se lo dije a un amigo el otro día, se lo dijimos todos: uno se da cuenta de qué tan equivocado está mucho tiempo después de equivocarse. Y sí, puede ser que nos caigamos con la misma piedra dos veces, tres, cuatro, en incontables oportunidades, pero “errar es humano” y con los errores se aprende, ¿no?
Al final es cuestión de saber levantarse, de arriesgarse a continuar, y se apodera de nosotros una necesidad imperiosa de creer en algo, de tener Fe, ya sea en Dios, ya sea en el futuro, el destino o quizás en uno mismo.
Por eso, porque cuesta creer, porque cuesta volver a levantarse y porque hay que aferrarse a algo, yo les digo: ánimo, no perdamos la esperanza, que no todo está perdido
Hay cosas que uno no quiere creer..
Hay cosas que a uno le cuesta aceptar, que se niega a creer que son verdad. Nos refugiamos en nosotros mismos, inventamos otra versión de los hechos, le buscamos la vuelta, las mil y un vueltas, hasta que llega un momento en que caemos, en que hacemos clic como si de repente todo fuera muy sencillo.
Simple y triste
Cruel, posiblemente injusto, pero al fin y al cabo, real
Así es, es real, y cuando nos damos cuenta de lo real que es, de lo vivo y real, es que caemos, como si se abriera un pozo a nuestros pies, un poso sin fin. Caemos, nos hundimos hasta que tocamos fondo, y ahí es cuando se empieza a subir, a veces rápido, a veces más lentamente, pero después de todo, terminamos subiendo.
Se lo dije a un amigo el otro día, se lo dijimos todos: uno se da cuenta de qué tan equivocado está mucho tiempo después de equivocarse. Y sí, puede ser que nos caigamos con la misma piedra dos veces, tres, cuatro, en incontables oportunidades, pero “errar es humano” y con los errores se aprende, ¿no?
Al final es cuestión de saber levantarse, de arriesgarse a continuar, y se apodera de nosotros una necesidad imperiosa de creer en algo, de tener Fe, ya sea en Dios, ya sea en el futuro, el destino o quizás en uno mismo.
Por eso, porque cuesta creer, porque cuesta volver a levantarse y porque hay que aferrarse a algo, yo les digo: ánimo, no perdamos la esperanza, que no todo está perdido
martes, 19 de febrero de 2008
viernes, 8 de febrero de 2008
viajera
Una mujer se perdió
en el cosmos y el delirio
buscando las piezas
para el amor encontrar
en los laberintos
de la vida y el mar
en el cosmos y el delirio
buscando las piezas
para el amor encontrar
en los laberintos
de la vida y el mar
miércoles, 6 de febrero de 2008
Kzios
Las hienas ríen
Los muertos bailan
Tu aullido es su canción
La noche te sigue
Desarma y sangra
En la muerte no hay amor
Los muertos bailan
Tu aullido es su canción
La noche te sigue
Desarma y sangra
En la muerte no hay amor
jueves, 31 de enero de 2008
el joven y el antiguo
Joven soñador:
Leo en un cansancio casi onírico, pero no quiero dormir. Siento un hambre y una sed inconmensurables, pero no hay qué la sacie. Sigo escuchando un silencioso violín sonar frenéticamente en algún lado, y la noche negra, abísmica y eterna me contempla, como quien contempla un retoño de brezo secarse. ¿Sentís la brisa nocturna?
Criatura antigua
Sí, me golpea casi tiernamente, como queriendo acariciarme a pesar de su brutalidad. Es extasiante, ¿no crees?
Joven soñador:
Muy anglosajona tu respuesta, digna de Sir Arthur Conan Doyle. Sí, creo en el testimonio de mis sentidos (todavía). Creo en contemplar el silencio negro del abismo estrellado y sentirme parte de su letanía. Creo...
Criatura antigua
Creo que a pesar del malestar que el manto que cubre del cielo sufre hoy, todavía vislumbro un atisbo de esperanza, como si se tratara de una estrella que lucha por atravesar el abismo de oscuridad que separa nuestro mundo del suyo. ¿La vez tu allí, asomándose tímidamente?
Joven soñador:
Digamos que no solo se ve con la vista, y tengo ahora los ojos cerrados. Digamos que quiero elevarme a los astros y sumergirme en su cosmos, nadar en su eternidad y amarla como dos adolescentes se aman en primavera. Digamos que por un momento la veo, ¿qué hacer?
Criatura antigua:
Nada, está fuera de tu alcance (y del mío). Es la guardiana de nuestra dulce y eterna vigilia. Contémplala hasta el hartazgo, aunque jamás lo alcances en vida.
Joven soñador:
¿Quién determina los alcances de un hombre en vida sino el hombre mismo? ¿Qué se atrevería a restringir el sueño de poder alcanzarla? ¿Qué clase de monstruo puede eculubrar frases de alabanza sin siquiera desearla secreta y salvajemente? No, no me rindo ante la adversidad, me incorporo y me siento. Libre y decidido.
Criatura antigua:
Solo un monstruo que lo es por haber tratado en vano de alcanzarla, amándola con una locura casi enferma. Solo una desquiciada y pobre criatura que sintió lo mismo que vos y no tuvo en quien contar, pero ahora, sabiendo de la naturaleza de tu sentimiento, te dice ‘Adelante, yo te señalaré el camino si no lo encuentras’.
Joven soñador:
Delightful, my friend. El temor y la ironía son meros fantasmas agusanados al lado del deseo que me impulsa. Obsérvame vivir y soñar y experimentar el sueño de los peatones y los inocentes, los jueces y los juzgados, ¡los Señores y los siervos! Obsérvame volar donde no se es y ser donde se debe volar.
Criatura antigua:
Serás puramente tu esencia, y a la vez, casi irónicamente, no serás nada. Volarás, pero tus pies no elevaran de esta tu tierra. Vivirás eternamente en un apogeo constante, haciendo y deshaciendo los susodichos embrollos ajenos, de tus prójimos. Serás la mano derecha y el cuerpo a la vez. Fé, compañero
Joven soñador:
Fé... invento, creación humana tan divertida y poderosa a la vez. Y quizás ella sea mi único refugio, y quizás no. Quizás exista un fiel que borre mis pasos, mis palabras, mis lenguas, mis ojos y mis manos, para que me extravíe en un viaje que no resultaría peligroso. Quizás ese seas tu, quizás sea hora de partir.
Criatura antigua:
O quizás no. Quizás ese fiel seas tu, cegado por la incertidumbre. Quizás cuando abras los ojos (si es que siguen cerrados), te des cuenta de que nuestra guardiana ya no está. O quizás no. Reitero, no, corrijo: no fe, Fé.
Joven soñador:
Prefiero la mudeza y la madurez de un silencio a estas horas y en estas latitudes a narrarte mi vieja, puesto que tu arremolinada lengua solo hará enredar mis palabras. Hasta la próxima, iluso, quizás puedas hacerte cazador de sueños algún día.
Criatura antigua:
¿Te vas por temor? Adiós, Viajero del Cosmos, porque lo eres (y no lo niegues). Velaré por ti en esta mi prisión, pues el Golem es quien soy. Hasta pronto
Leo en un cansancio casi onírico, pero no quiero dormir. Siento un hambre y una sed inconmensurables, pero no hay qué la sacie. Sigo escuchando un silencioso violín sonar frenéticamente en algún lado, y la noche negra, abísmica y eterna me contempla, como quien contempla un retoño de brezo secarse. ¿Sentís la brisa nocturna?
Criatura antigua
Sí, me golpea casi tiernamente, como queriendo acariciarme a pesar de su brutalidad. Es extasiante, ¿no crees?
Joven soñador:
Muy anglosajona tu respuesta, digna de Sir Arthur Conan Doyle. Sí, creo en el testimonio de mis sentidos (todavía). Creo en contemplar el silencio negro del abismo estrellado y sentirme parte de su letanía. Creo...
Criatura antigua
Creo que a pesar del malestar que el manto que cubre del cielo sufre hoy, todavía vislumbro un atisbo de esperanza, como si se tratara de una estrella que lucha por atravesar el abismo de oscuridad que separa nuestro mundo del suyo. ¿La vez tu allí, asomándose tímidamente?
Joven soñador:
Digamos que no solo se ve con la vista, y tengo ahora los ojos cerrados. Digamos que quiero elevarme a los astros y sumergirme en su cosmos, nadar en su eternidad y amarla como dos adolescentes se aman en primavera. Digamos que por un momento la veo, ¿qué hacer?
Criatura antigua:
Nada, está fuera de tu alcance (y del mío). Es la guardiana de nuestra dulce y eterna vigilia. Contémplala hasta el hartazgo, aunque jamás lo alcances en vida.
Joven soñador:
¿Quién determina los alcances de un hombre en vida sino el hombre mismo? ¿Qué se atrevería a restringir el sueño de poder alcanzarla? ¿Qué clase de monstruo puede eculubrar frases de alabanza sin siquiera desearla secreta y salvajemente? No, no me rindo ante la adversidad, me incorporo y me siento. Libre y decidido.
Criatura antigua:
Solo un monstruo que lo es por haber tratado en vano de alcanzarla, amándola con una locura casi enferma. Solo una desquiciada y pobre criatura que sintió lo mismo que vos y no tuvo en quien contar, pero ahora, sabiendo de la naturaleza de tu sentimiento, te dice ‘Adelante, yo te señalaré el camino si no lo encuentras’.
Joven soñador:
Delightful, my friend. El temor y la ironía son meros fantasmas agusanados al lado del deseo que me impulsa. Obsérvame vivir y soñar y experimentar el sueño de los peatones y los inocentes, los jueces y los juzgados, ¡los Señores y los siervos! Obsérvame volar donde no se es y ser donde se debe volar.
Criatura antigua:
Serás puramente tu esencia, y a la vez, casi irónicamente, no serás nada. Volarás, pero tus pies no elevaran de esta tu tierra. Vivirás eternamente en un apogeo constante, haciendo y deshaciendo los susodichos embrollos ajenos, de tus prójimos. Serás la mano derecha y el cuerpo a la vez. Fé, compañero
Joven soñador:
Fé... invento, creación humana tan divertida y poderosa a la vez. Y quizás ella sea mi único refugio, y quizás no. Quizás exista un fiel que borre mis pasos, mis palabras, mis lenguas, mis ojos y mis manos, para que me extravíe en un viaje que no resultaría peligroso. Quizás ese seas tu, quizás sea hora de partir.
Criatura antigua:
O quizás no. Quizás ese fiel seas tu, cegado por la incertidumbre. Quizás cuando abras los ojos (si es que siguen cerrados), te des cuenta de que nuestra guardiana ya no está. O quizás no. Reitero, no, corrijo: no fe, Fé.
Joven soñador:
Prefiero la mudeza y la madurez de un silencio a estas horas y en estas latitudes a narrarte mi vieja, puesto que tu arremolinada lengua solo hará enredar mis palabras. Hasta la próxima, iluso, quizás puedas hacerte cazador de sueños algún día.
Criatura antigua:
¿Te vas por temor? Adiós, Viajero del Cosmos, porque lo eres (y no lo niegues). Velaré por ti en esta mi prisión, pues el Golem es quien soy. Hasta pronto
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